Reflexiones

La infelicidad y cómo huir de ella

“Antes de iniciar la labor de cambiar el mundo, da tres vueltas por tu casa”. 
(Proverbio chino) 

 

¡Siempre he amado la Navidad! Bueno, las fiestas en general.

Algunos hacen críticas sobre lo consumista que se han vuelto las celebraciones de estas fechas y lo mucho que incitan al capitalismo.
Y no se equivocan. Muchas personas dan más importancia al regalo que a la intención.
Muchos prefieren impresionar que regalar felicidad. Que sacar una sonrisa.

Y no los culpo, ni los juzgo. La gran mayoría de nosotros hemos crecido en una sociedad minada de diferencias de clases y en pleno boom del capitalismo.

Se tiene que tener la mente muy despejada (MUY) para ver lo importante; “lo esencial” cómo decía el Principito.
Y muchos, con el ajetreo de nuestro diario vivir, a veces perdemos el norte. O el Sur, dependiendo hacia dónde nos dirijamos.

Tengo que reconocer que yo juego con ventaja. Ser la tercera de cuatro hermanos de una madre soltera nos limitó muchísimo a la hora de recibir regalos. Navideños o de cumpleaños.
No pertenezco precisamente a esa parte de la población que papá o mamá le regalan un coche porque sí, o que les pagan…todo.

Nuestra madre nos enseñó el valor de lo esencial. A saber diferenciar entre lo que verdaderamente queremos o lo que es capricho.
A pensar “¿si me compro esas zapatillas o ese bolso seré más feliz? ¿Lo necesito?”. Si la respuesta es sí, lo compro. Si la respuesta es “eeeew”, paso olímpicamente. Y pongo estos dos ejemplos porque adoro los bolsos y los tenis: tengo una colección que pronto necesitarán una habitación propia.

No digo que sea mejor que esa otra parte de la población. Pero puedo afirmarles con total seguridad que la felicidad que me produce el conseguir comprar un coche por mis propios méritos, unos zapatos o un bolso, me dura muchísimo más que a esa otra parte de la población. Buscar un regalo para las personas que quiero también lo disfruto como nada.

Sí. Aún sigo sonriendo como una idiota cuando “deslaqueo” mi coche, cuando escribo con mi precioso ordenador, cuando meto mis cosas en un bolso que tengo desde hace tres años, cuando miro mi título universitario, cuando veo el recibo de reserva de plaza del máster o cuando veo los boletos de mi próximo viaje. Todo financiado by me.

Pero, ¿ Cuál es el cum de la cuestión y por qué digo todo esto?
Porque quiero hablar de la huida de la infelicidad y de lo que creo que son las causas de la misma.

Bueno, por eso y porque es mi página que dice “how do I see the world” (cómo veo el mundo). Concretamente, una página de opinión. Un “punto de vista subjetivo”. Como todos los puntos de vista en el mundo.

Ahora centrándonos en lo esencial.

Creo que comenzamos a ser infelices en el momento en el que nos desviamos de nuestros caminos y empezamos a ver de manera constante y obsesiva los caminos de los demás. 

Dicha obsesión está siendo impulsada por nuestras queridas redes sociales.
La constante necesidad de aparentar estar bien no nació con Facebook, mis queridas flores, fue mucho antes. Solo tienen que darse una vuelta por los museos y admirar los cuadros de la real sociedad renacentista. Otra vez la diferencia de clases.
Pero eso es otro asunto que daría para una tesis doctoral.

La cuestión aquí es que vemos diariamente lo que hace el otro y empezamos a comparar.
Sí. El gran e inevitable error del ser humano: la comparación.

Dejamos de ver los beneficios y los pequeños detalles que nos proporciona el camino que hemos escogido, y que nos acerca a nuestra felicidad como individuo. ¿Para qué? Para centrarnos en los beneficios que dan distintos caminos a otras personas.

Y con la obsesión nace la envidia. Y la envidia, como ya saben, es hermana del odio y prima de la depresión.

Pondré un ejemplo para ser más clara.
Un ser humano llamado X ha decidido seguir el camino de “la mayoría”. Casarse, tener hijos, un trabajo estable antes de los 30; o un negocio, no importa. Que se ha hipotecado a temprana edad. Va de vacaciones una vez al año y con eso está feliz.
Otro ser humano llamado Y ha decidido seguir otro camino no tan concurrido y opuesto al primero. No se ha casado ni pretende hacerlo. No tiene hijos y varia de trabajo constantemente. Viaja más de una vez al año y piensa hacer un voluntariado social en Nigeria.

X empieza a mirar con regularidad la vida de Y, por ejemplo, a través de Instagram. Oberva tanto el camino de Y que se ha desviado del suyo.

¿Y qué pasa cuando te desvías de tu camino y te centras en el de los demás?

Que te encuentras en una selva de indecisión y frustraciones, deseando tener aquella otra vida porque ya no ves lo bueno que tiene la tuya. ¿Por qué? Porque las frondosas hojas del bosque no te deja mirar con claridad tu camino, ni tampoco el otro.

¿Y qué son las frondosas hojas en esta pequeña metáfora? Las constantes comparaciones y la cada vez más frecuente envidia.

Sí. Envidia de vidas ajenas.

Cuando te centras en ti y únicamente en ti, tu camino de repente empieza a limpiarse y a agrandarse. Comienzan a salir flores de colores que provocan que sonrías desde el alma. Recoges frutos de satisfacción personal, y comes de ellos cuando estás más cabizbajo o cuando te da miedo empezar con algo nuevo. Te empieza a durar más esa felicidad al comprarte unos zapatos nuevos porque sabes que lo usarás para trabajar o para salir con tus amigos. Porque sabes lo que te has esforzado tanto en ti y en conseguir lo que tienes, que has olvidado mirar lo que hace otro.
Porque cuando decidas desviarte del camino lo harás, no por el bosque de las penumbras, sino por encima de un puente que cruza un río maravilloso. Que te lleva a un sitio mejor.

Todos los caminos tienen sus altas y sus bajas. Sus famosas ¿cómo decirlo? ¡Sí! “Luchas constantes”. No todo serán flores de colores, muchas veces habrán hiervas malas que tendremos que ir arrancando.

¿Y qué son las hiervas malas que tenemos que arrancar en esta pequeña metáfora?
Las personas negativas.
Las que no te suman.
Son esas que lograron atravesar el “bosque cabrón” para meterse en nuestros caminos, no para plantar flores y decir lo bien que lo hemos hecho. No. Si no para criticar cada movimiento que demos.
Se entremeterán y con cada pisada que den dejarán semillas de las llamadas malas hiervas.
Esas personas te darán un problema para cada solución. Te harán comentarios tipo: “yo no sé como puedes criar a tus hijos de esa manera”, “no me gusta tu pelo”, “has cogido peso”, o simplemente buscarán desestabilizarte para que salgas de tu camino y sigas el de ellos. Uno que no les hace felices ni a ellos mismos. 

¿Cómo arrancar esas hiervas?
Muchos deciden atacar y crear conflictos. Discusiones que te desalinean los chacras. Antes formaba parte de ese gran clan.
Pero últimamente prefiero otro remedio.
Les invito a regar el veneno de la indiferencia en la tierra de nuestro camino. Que nos dé igual lo que la gente haga u opine de nosotros. Es algo difícil de conseguir pero no imposible, se lo aseguro.
Además ¿no te van a criticar igual? ¡Entonces démosle motivos! ¡Razones!
Cuando estas personas vean que nos da igual sus ataques venenoso, morirán consumidos por su mismo odio.

No quiero que me malinterpreten. No creo que esté mal mirar el camino del otro. Podemos curiosear, es algo innato en el ser humano. De hecho, les invito a saludar con la mano pero desde tu propio camino. Sin tener que atravesar el bosque o convertirnos en esas hiervas malas de las que tanto huimos. Quizás nos gusta lo que vemos y decidimos tomar un pequeño atajo para llegar hasta un camino parecido al que el prójimo ha escogido. 

¿Conclusión? Voy a dejarme de metáforas y de palabras bonitas.

Si no eres feliz con el camino que has escogido, cambia de dirección y ve donde creas que puedes encontrar tu sitio. Si no puedes cambiar de dirección, disfruta de esos pequeños detalles que solo crecen en tu vía. De esas flores que no tienen los otros caminos. Porque seguro tienes lo que a muchos les falta.

Pero, por favor, no te conviertas en esas malas hiervas que nadie quiere. 
Porque el chisme, las habladurías y el ser un/una alcahueta solo provocará que pierdas lo esencial e importante que hay en tu vida. Quedándote completamente en soledad.

Milán

2 comentarios sobre “La infelicidad y cómo huir de ella

  1. Mi suegrita, que era una persona muy lista, siempre nos decía:
    Tienes derecho a alejarte de los que te hacen daño.
    Y eso es extensible a los que no te aportan nada positivo en esta vida.
    Tenemos derecho a alejarnos de ellos sin sentirnos culpables por ello.

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