Reflexiones

Hagamos de “la prudencia” nuestra amiga

 

Definitivamente, a día de hoy 18 de noviembre del año 2019, empiezo a entender lo que mi madre le pide todos los días a Dios en sus oraciones: “Prudencia”.

Prudencia. Una palabra procedente del latín. En su origen denominada ‘prudens’, “que actúa con consciencia de lo que hace o de las consecuencias de sus acciones”.
Actualmente buscas el significado en la Real Academia Española de lo que es una ‘persona prudente’ encontrarás lo siguiente: “Que actúa con moderación y cautela”.

No disciernen prácticamente en lo absoluto ambas definiciones ¿verdad?
Lo cierto es que esta virtud está cada más en ‘capite periclitabantur’ o lo que es lo mismo ‘en peligro de extinción’. (Tanto latín ya me estoy pareciendo a Antonio, mi profesor de bachillerato. Lo cierto es que admiraba muchísimo a ese señor.)

Cada vez escuchamos más opiniones crueles, razonamientos sin sentidos y mentiras camufladas de verdad. Todas ellas vienen acompañadas de una afirmación parecida a la siguiente: “Es que yo soy una persona muy honesta, transparente. Que lo dice todo a la cara. Si a alguien le molesta lo que digo que se aguante (o lo que es lo mismo: que se joda)”.

Las personas que han compartido conmigo han podido observar de que disparo verdades como si se tratase del mismísimo V2 (el V2 fue el primer misil basílico creado por los nazis creo que en el año 42, no me acuerdo muy bien y no me apetece buscarlo. Datos estúpidos que almaceno en mi memoria).
Digamos que no guardo mucho filtro a la hora de decir lo que pienso.

Pero debemos de saber diferenciar entre “intentar decir lo que se piensa sin dañar a nuestro interlocutor” a “digo lo que pienso y si le hago daño a alguien o a algún colectivo, eso no es asunto mío”.

Eso es lo mismo que decir “tiro la piedra y escondo la mano”.
No. Cada acción tiene su consecuencia.

Como seres humanos que pretendemos vivir en armonía, sociedad y andamos en la búsqueda inacabable de la felicidad y estabilidad emocional; deberíamos de aprender a respetar la libertad del otro.
Y sí digo “deberíamos” del verbo “deber” porque tendría que ser una obligación de todos el respetar el prójimo.

No deberíamos ir por ahí hablando cosas que no sabemos a ciencia cierta, que no han sido probada con HECHOS, sino que han sido majaderías dichas por personas que no tienen ningún criterio.
En periodismo lo llamábamos “contrastar información” y “verificar la credibilidad de la fuente”.
En términos barriales vendría siendo: no andar de chismosos difundiendo mentiras y suposiciones sin pensar en el mal podemos causar.

Así pues este pequeño post reflexivo les invito a incluir una petición especial en sus oraciones. Que la vida, el Universo, el Señor todopoderoso, Buda, o lo que quieran creer, les dote de esta magnífica cualidad:“prudencia”.

Prudencia a la hora de actuar. Prudencia a la hora de tomar decisiones importantes. Prudencia a la hora de tomar decisiones no tan importantes. Prudencia para escoger los momentos precisos para hablar con nuestros seres queridos. También para hablar con esos seres no tan queridos. Prudencia para mirar, porque las miradas hablan, así que procuren decir algo positivo con sus hermosos ojos. Prudencia para escribir. Prudencia para gesticular. Prudencia a la hora de escoger con quién se acuestan. Prudencia a la hora de elegir nuestra ropa para determinadas ocasiones. Prudencia a la hora de hablar de otros.

Porque la prudencia nos puede salvar de cometer errores irrefutables.

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