Crónicas

Colemos otro cafecito

“¡Cuánto he crecido!” pensé mientras saboreaba el café que había colado hacía unos minutos y buscaba en “diccionariodelossueños.com” el significado de soñar con una tortuga marina gigante.
“¡Ah! ¡no está nada mal! ¡Me imaginaba algo negativo!”.
Luego cerré el ordenador, encendí un poco de incienso e hice mi oración de todas las mañanas.
Esta vez no pedí nada. De hecho, llevaba un par de semanas que no lo hacía.
Todo estaba en sintonía y fluía correctamente. “¡Ya era hora!” pensé.
Desde que llegué de Amsterdam, o mejor dicho, de mi viaje de casi seis meses todo había sido dramas, inestabilidad emocional, envidias repentinas de personas que ni imaginaba qué llevaban tan pendiente mi “lifestyle”, y discusiones varias por estupideces. Caídas de máscaras o mejor dicho, de telón ya que muchos habían construído de su vida y su apariencia toda una obra de teatro.
Reclamos, shows y malas vibraciones.
El mero hecho de recordar todo lo que había sucedido en menos de un mes hacía que la migraña quisiera anidar en mi cabeza nuevamente.
Cuando al acariciarme la nuca sentí el relieve del que fue mi primer tatuaje. Dejé caer la bata y entonces empecé a ver todos los tatuajes que viven en mi cuerpo y llevo grabados en el alma. Todos reflejan una parte de mi personalidad y de mi estilo de vida.
Mi primer tatuaje fue el símbolo chino de “Fortaleza” (física, espiritual, mental y sexual). Luego le siguió “Animus in consulendo Liber” en latín, o lo que es lo mismo, “espíritu libre para decidir”. Luego fueron tres de golpe (sí, el mismo día y el mismo rato). La palabra “Karma” escrita en sánscrito, el símbolo de “hakuna matata” en su idioma original (Swahili); y la frase “ámate a ti mismo primero” en árabe. Todos con una importancia trascendental en mi vida.
El último fue la constelación de libra (mi símbolo zodiacal) en el que introduje la fecha de nacimiento de mi abuela Lili, luz y guía de mi vida. También en representación de la felicidad que me supuso la experiencia de Bahía de las Águilas y sus más de 15 estrellas fugaces.
El caso es que empecé a recordar a la Milán de hacía unas semanas atrás. La de antes de los shows. La que había viajado sola durante tanto tiempo y la que había perdido la vergüenza, el miedo y todo tipo de inseguridades. La que por fin estaba perfectamente alineada con todos y cada uno de sus tatuajes, de sus pensamientos y de sus actos.
Este año había empezado a eliminar “amistades”. Y me había sentido extrañamente bien. Y digo extrañamente, porque creí que ciertas pérdidas me dolería o mínimamente molestaría. Pero resultó ser todo lo contrario. Cada pérdida venía acompañada de paz.
Así que empecé a hacer lo mismo, pero con seguidores de Instagram los cuales sabía de buena fuente se habían dedicado a decir sandeces sobre mi persona. Lo lindo del caso es que ni siquiera hablo con dichos jueces de destinos ajenos.
De hecho esta red social que antes me atormentaba con “el quién ve lo que pongo” o “por qué ven todo lo que subo a las historias pero no dan like a nada de lo que publico”, dejó de hacerlo súbitamente más o menos cuando estuve en República Dominicana este año. Estaba tan ocupada viviendo y pasándomelo bien (y poniendo historias destacadas para que quedara bien chulo el feed) que olvidaba revisar quién estaba al tanto.
Empecé a dominar yo la red. Cuánto tiempo invertía y qué quería transmitir.
¿Cómo? Lo cuento en otro post porque esto tiene mucha chicha. Quizás ayude a más de un adicto. Además aprovecharé esa entrada para presentarles un proyecto bien chulo en el que estoy trabajando y espero les guste. Sobretodo a mis lectoras que para mí son un soporte elemental (mi querido “Watson”). Será algo muy feminista y sin ningún tipo de maldad. Algo sano y bonito para mujeres y hombres que creen que la igualdad dejó de ser una utopía el siglo pasado.
De hecho, este proyecto es una de las razones por las cuales me he mantenido tan inactiva en la página. La otra razón es mi libro.
Tal y como he comentado anteriormente en otras entradas, estoy escribiendo un libro sobre violencia de género. Me encuentro a las puertas de acabar de redactarlo, aunque llevo diciendo eso un mes entero, pero siempre creo que puedo explicar algo más y termino añadiendo páginas y páginas. Pero tranquis, no hay paja por ningún lado. Es un conjunto de crónicas que espero tenga una aceptación tan buena como la ha tenido la página. No he acabado este y ya estoy pensando sobre qué tratará el próximo que decida escribir, uno de temática no tan fuerte, quizás. O a lo mejor siga por la misma línea, todo depende de la aceptación del primero.

Volví a ponerme la bata y dejar de admirar mi cuerpo, el cual últimamente me parecía más bonito que nunca. Ya saben, el amor propio, la seguridad y la libertad son hermanos que van de la mano. Cuando tienes los tres en el mismo ser es casi como sentir un orgasmo cada vez que te miras al espejo.
Muchos le han llamado prepotencia, a mi me gusta llamarle por lo que es: seguridad en mí como mujer, como ser humano y en lo que transmito, sin necesidad de la aprobación de nadie. Les comento que toda mujer que goce de dicha cualidad, será tachada de “prepotente” y “mala” por personas que carecen de la misma. Welcome to the club bitches. Tomen asiento y esperen a ser juzgadas con mano dura. Espero disfruten del show titulado “Doble moral nivel Dios”. (Cierro queja existencial dotada de sarcasmo).
Bueno, dos proyectos en paralelo y quizás también mi nuevo trabajo. El cual es justo como lo pedí en una de mis oraciones matutinas. Esas oraciones que hago descalza, caminando por toda mi casa con un incienso en la mano.
Con un horario de oficina, en un buen despacho de abogados, con unos compañeros excelentes, dónde se respeta las condiciones laborales, pero sobretodo: ¡con todos los fines de semana y festivos libres! (Sí! ¡Voy a poder viajar todos los findes que quiera y el dinero me lo permita!). La verdad es que estoy muy contenta. No puedo sentirme más agradecida con el Universo.
Terminé de darle un último sorbo a la taza de café y empecé a ver el mapa para ver posibles próximos destinos para esos fines de semana libres. “La Aurora Boreal sonaba bien. Pero mis huesos y yo odiamos el frío cantidades industriales.” Pensé. Pero Finlandia debe de valer el sacrificio por las fotos que he visto. ¿O Suiza? Nunca he estado ahí… Aunque Italia siempre es una buena opción y David está obsesionado con ir juntos a Roma y a Venecia. No me importaría repetir. Ya veremos. ¿Y Turkia? ¡Oh! No deja de hablarme de Turkia y Giss me lo lleva aconsejando desde 2015 como destino. Si alguno de mis lectores ha ido, acepto comentarios.
Dejé de fantasear con el mapa y empecé a admirar mis flores.
“¿Te acuerdas el señor que siempre me vendía tu ramo en la floristería de Sans? Pues se ha acordado de mí al verme” me dijo David cuando fue a buscarme a la salida del trabajo noches antes con él en las manos.
“¿Quién no se acordaría de ti?” pensé, con lo especial que eres.
El ramo de siempre. Las mismas especies de flores predominando las de tonos anaranjados.
El ramo de siempre con pensamientos totalmente distintos. El mismo ramo que entregó por primera vez a una joven de 19 años salvaje, libre, decidida a superarse y que había vivido tanto para tan corta edad. Ahora se lo entregaba a una mujer de 28 años salvaje, libre y que ha vivido aún más. Una que ya se había superado y se había puesto nuevos retos.
Un libro que reflejaba lo que ella quería transmitir cociéndose a fuego lento, la creación de un Instagram que promoviese aquello que creía que eran sus ideales tan feministas. Había encontrado el máster perfecto que esperaba empezar de aquí a un año ¡o cuándo quisiese! ¿Qué más da el tiempo? No estaba compitiendo con nadie y nadie la estaba esperando. Una que fantaseaba con un doctorado. ¿Por qué no? Siempre había querido doctorarse en cualquier cosa que le generara un mínimo de interés.
Por fin La Paz reinaba en la vida de esa mujer que acababa de cumplir 28 años.
Decía Rafi que la madurez que se suele presentar a los 30 ya había llegado a su vida dos años antes y que era maravilloso ver cómo ese “Glow” natural le maquillaba la cara que últimamente no recurría a más que un poco de rímel y brillo de labios. ¿Para qué más?
Por fin estaba limpia de mala vibra y de personas que no le aportaban nada. Por fin se expresaba cómo y cuando quisiera (para eso creó este blog) y quién quisiera escucharla (o leerla) sólo tenía que venir a este espacio Web o tirarle por DM o Whatsp.
Por fin disfrutaba de las conversaciones que quería cuando quería.
Había empezado a comer mucho más lento para saborear cada bocado.
Era fantástico. Sí, fantástico. Como una peli de Disney.
Por fin los tatuajes estaban alineados con el ser donde vivían desde hacía años.
Por fin disfrutaba de cada instante.
Por fin podía seguir compartiendo “How do I see the world”.
Por fin La Paz reinaba en su vida. Y esta vez, había venido para quedarse.

Voy a colar otro cafecito, que tengo que irme a trabajar.
“¡Wow! ¡Cuánto he crecido!”.

 

  • Milán

 

 

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