Hablemosdesexo

La importancia del sexo oral

“Ojalá te pierdas en mi paraíso y que se convierta en tu infierno. En ese infierno del cual nunca te voy dejar salir”. (Milán S.R)

Sí. ¡Sí! ¡Ohhhh sí! Hoy hablaremos del sexo oral.
Para hacer un poco más llevadera la semana todos los jueves intentaré (no prometo nada) hacer un pequeño artículo sobre lo elemental que es tener un buen orgasmo (o crónica, ¿por qué no? todo el mundo tiene siempre algo de curiosidad por saber cómo somos en la cama).
Hoy hablaremos de lo importante que es que nos besen la flor. Nuestra bella y estimada flor. Aquella que da vida y es responsable de la felicidad de tantas personas en la faz de la Tierra.
¿Cuántas de Ustedes chicas se ha quedado mirando el techo pensando “joder tío, no es tan difícil, te estoy guiando y aún así no sabes dónde coño (o en qué parte del mismo) está mi precioso punto G”? Y digo “tío”, porque las lesbianas con las que hablo no suelen tener ese problema (aunque siempre hay una excepción que rompe la norma).
Me gustaría que todas me respondieran al unísono: Welcome to the club.
¿Cuántas de nosotras estamos un muy buen rato dándole cariño a las zonas bajas de nuestras parejas sexuales? ¿Y cuánto tiempo están ellos en las nuestras? Por lo general, el tiempo no suele ser muy equitativo.
Ese tiempo a veces se ve aún más desequilibrado cuando las que son como yo (¡de las mías!) ven que no están dando dónde tiene que dar, les decimos muy dulcemente: “babe, sube, que es que yo soy muy complicada ahí abajo”. ¡Siendo mentira!
¡Ninguna mujer es complicada ahí abajo! ¡Todas tenemos lo mismo! ¿Y saben qué? Lo único que cambia es la sensibilidad, unas llegan antes, otras después. Pero si tocas donde tienes que tocar: llegaremos. ¡Siempre llegaremos! Y las que son como yo, muy políticamente correctas, no nos gusta hacer sentir mal al prójimo.
¿La solución? Yo la dividiría en dos partes. La primera es la que nos toca a nosotras: Tenemos que dejar de ser tan correctas y tener un poco de paciencia (sí, aún más). Pero sobretodo: HABLAR. Decirles qué están haciendo mal y no fingir por querer salir rápido de una situación embarazosa. Sentarnos al lado de nuestra pareja (o justo en frente) y enseñarle dónde, cómo, cuándo y a la velocidad correcta que debe de tocar. Porque evidentemente, ya nosotras conocemos nuestro cuerpo (eso lo hablaremos en otro artículo). No recomiendo usar ningún juguete sexual ya que sería como “copiar en un examen”, al menos las primeras veces. Hasta que tu flor, su lengua y tu orgasmo se conviertan en un solo ente.
La segunda parte recae sobre ellos: que nuestra pareja sexual cambie de actitud y tome nuestras directrices como una gran lección de vida. Que sea muy abierto de mente y que se tome muy bien las críticas. Les aseguro chicos, que las parejas futuras de Ustedes nos lo agradecerá (y mucho).
Tras esta breve introducción, quiero hablar de lo feliz que nos hace a las mujeres disfrutar de un buen sexo oral.
El simple hecho de pensarlo ha hecho que suspire y recuerde el pequeño dolor de cabeza que tenía esta mañana por haber llegado al orgasmo un total de 6 veces en menos de una hora. Uno de ellos con un maravilloso, espectacular, largo y tendido sexo oral. Imaginarlo hace que se me prenda el foco otra vez.
El buen sexo oral y sus consecuencias, hacen que sonrías a lo largo del día como una idiota cada vez que te acuerdes; provoca que seas más simpática de lo normal. Que no te importe llegar tarde a una cita importante porque ha valido la pena (muchísimo). Hace que te brille la piel y el pelo. Hace que te veas más radiante. Más feliz. Más en la Luna y menos en el Mundo que está enfadado contigo.
Eso me hizo recordar el reclamo de mis niñas ayer mientras estábamos reunidas “¡claro! ¡Tú nunca has tenido ese problema con David!”. Y es cierto, hace poco decidimos darnos otra oportunidad (esto parece una telenovela), y siempre hemos tenido mucha química sexual. En otras palabras, desde el principio ha sabido que flores tocar estando por mis jardines. Quizás por eso lo bauticé con el apodo de “mi flor”. Quizás la base del enamoramiento esté en un buen sexo oral. ¿Quién sabe? (A Shakespeare no le gusta esa afirmación).
Así que animo a todos mis lectores a despertar a sus chicas (o parejas sexuales) con una expedición al jardín botánico que tienen todas mis reinas entre sus piernas. El paraíso en cada uno de nuestros cuerpos.
Que toquen, y sobretodo, que pregunten. PREGUNTEN MUCHO. Muchísimo. Porque el saber no pesa, y menos si es para darnos placer.
Porque si lo hacen bien, no sólo le darán un motivo más para sonreír a lo largo del día, si no que vuestro propio ego se verá aumentado cada vez que recuerden la excursión de esta mañana.
Les invito a comer esa fruta del Edén que en este siglo ya no está prohibida. Comer porque el pecado nos sabe a gloria. ¡Oh si! ¡A Gloria bendita! ¡Dios sabe lo que hace!

¡Disfruten el orgasmo! ¡Y el día de hoy también!

Gracias por leerme,

Milán.




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