Crónicas, Fotografías, Viajes

Salto Baiguate

“Recuerda que no conseguir lo que quieres es, a veces, un maravilloso golpe de suerte”.
-Dalai Lama

Los últimos dos días he estado en Jarabacoa. Para los que no saben, Jarabacoa es un pequeño municipio que pertenece a La Vega (norte de RD).

Estuve en el hotel más bonito que nunca antes he estado. El lugar, las vistas, el río que lo atraviesa, la naturaleza que lo rodea, la comida, los acabados en madera, sus trabajadores y su gentileza… El hotel Gran Jimenoa es el destino perfecto si lo que necesitas es desconectar, paz y tranquilidad. Es tan bonito que parece de mentira. En otra entrada compartiré las fotos de este hermoso lugar porque la gran mayoría de las que tomé fueron con la cámara y tengo el tiempo súper justo porque estoy acabando de coordinar mi viaje a Nueva York.

También fuimos al Restaurante Aroma de la Montaña, ése que es famoso por dar vueltas y que se ve toda Jarabacoa. Últimamente no sé como darle las gracias a Dios por todo lo que me da.

El caso es que hago esta entrada para contar una pequeña anécdota.
Cuando salimos de la capital quisimos hacer una pequeña parada en el Salto de Jimenoa.
Giss y yo estábamos muy entusiasmadas con llegar al lugar. Bueno, yo más porque ella ya había estado antes.
Al llegar allí el vigilante nos comenta que no podremos ver el salto porque las escaleras por las que se accede se cayeron por culpa del agua (o por un derrumbe, no recuerdo, o quizás por ambos).
La cuestión es que dimos una caminata por el río, nos tiramos par de fotos y dimos media vuelta decepcionadas sin ver nuestra anhelada cascada.
Ya instaladas en el hotel le dije a Giss: “Pero nena, seguro deben de haber más saltos por aquí, éste río parece no acabarse nunca, déjame chequear”. Y encontré el Salto Baiguate que sólo quedaba a 17 minutos del hotel.
Al día siguiente, después de visitar El Café Colao (compartiré las fotos en otra entrada, porque ese lugar no tiene pérdida) fuimos hasta el Salto Baiguate.
El don que cuidaba el lugar (muy guapo por cierto, no sé qué pasa en el norte de RD pero todas las personas que te encuentras por la calle son preciosas) nos dijo cómo llegar.
Una caminata de 9 minutos (a mi ritmo 15), encontrarnos con 66 escalones, bajarlos y ahí estaba. La cascada más maravillosa que jamás he visto. Me gustó mucho más que la del Salto del Limón (2014) y mira que eso es decir.

Cuando llegamos Gisselle me dijo: “Milán, lo mejor que nos pudo haber pasado fue venir a éste salto y que el otro no estuviera en condiciones. Primero, es el salto más cómodo que jamás he visto. El camino está asfaltado (rodeado de montañas, pero asfaltado), luego en éste si te puedes bañar porque el agua está bajita, las escaleras no son incómodas y éste es mil veces más bonito. Al final vas a tener razón con esa frase que no dejas de repetir ‘Dios te cambia los planes para darte algo mejor’, mira, aquí lo tienes”.

El otro salto no nos hubiéramos podido bañar (porque está prohibido) y el camino era peligroso. No hubiese valido la pena.

Cuando entramos a bañarnos debajo de la cascada habían dos arcoíris que nos rodeaban. Fue simplemente mágico. Sé que lo compartí ayer en mi Instagram pero tenía la necesidad de expresar cómo me sentí en ese instante.

Lloré de la felicidad. Lo cierto es que he llorado mucho en éste viaje a Santo Domingo, la gran mayoría de veces de felicidad.

Cerrar los ojos y sentir cómo el agua me caía por todo el cuerpo. Mirar mi cuerpo y dar las gracias porque últimamente lo veo más bonito que nunca. Mirar arriba y ver un arcoíris. Mirar abajo y ver otro. Tener al lado a mi hermana Giss que la quiero como a nadie. Sentirme rodeada en mi vida de personas que sólo quieren un bien para mí. Sentirme realmente afortunada por todo lo que tengo. No pensé en cosas materiales. Hablo de calidad de momentos. De que todos mis proyectos están teniendo un buen inicio y que espero que sigan así.
Después de sentir todo esto me planté delante de la cascada en posición de loto e hice una oración. Prometí muchas cosas, pero lo que más hice fue dar las gracias.

Nada más pararme me caí por culpa de una piedra llena de algas. Por ‘suerte’ mis dos manos me pararon de una casi partida en la boca. Miré a Giss, nos reímos y me levanté a perseguir una mariposa amarilla.

Ésta aventura me dejó dos moralejas.

Primera:
Hay veces que piensas que quieres ir a un sitio porque crees que es tu destino y porque eso es lo que crees que quieres (el Salto Jimenoa), luego viene Dios y te dice: “No, por ahí no, que es peligroso. ¿Viste que se calló la escalera para llegar hasta él? Mejor vete para éste otro camino que es más seguro y más bonito. (Salto Baiguate) Además te regalaré experiencias que no vivirás en ningún otro lugar. Me lo agradecerás.
Y segunda: El hecho de que te caigas con una piedra que te hizo resbalar no quiere decir que tengas que lamentarte toda la vida. Así que te levantas, sonríes, consigues un cómplice que se ría contigo, y te dedicas a perseguir una mariposa amarilla. Es decir, tu próximo objetivo. En eso consiste el aprendizaje, en ver lo bueno dentro de lo malo. La actitud que tomas ante la vida lo es todo. Y mejor ser positivo que andarse lamentando.

Con la segunda taza de café que tomo en el día sujetada por mi mano, brindo por esto. Por aprender y por crecer cada día. Porque somos nuestro mayor e incluso único gran proyecto en la vida, el mejorarnos depende de nosotros mismos, no del otro.

Gracias por leerme.
Les comparto unas fotos para que se hagan una idea de lo lindo que es el Salto Baiguate.


– Milán


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