Crónicas

La conversación

Tras terminar la taza de café le pedí al grupo que me disculpara pero que tenía algo importante que hablar en privado con mi tía Nuris.
Aún recuerdo la primera vez que la vi en el 2008. Estaba muy enojada con mi madre porque me había obligado a quitar todos mis pendientes y piercings porque íbamos a casa de su tío Tomás (marido de Nuris) y que era un hombre sumamente recto y cristiano. Decirle eso a una joven de 16 años no fue muy buena idea. El caso es que iba predispuesta.
Cuando entré por la puerta de su casa y vi a esa mujer de piel blanca, cabellos negros y largos la cual afirmaba tener más de 60 años (pero que el tiempo no parecía haberse enterado) quedé enamorada. Sus facciones eran preciosas y finas. Pero su sonrisa no era de ésta galaxia. Su gentileza y su amabilidad me conquistaron. Desde aquél entonces tía Nuris se convirtió en lo que me gusta llamar “mi consejera espiritual”.

Entramos en una habitación la cual pregunté de quién era. Su respuesta fue: “podría ser tuya sí quisieras”.
Encendimos el aire y tomé asiento en la cama.
-Aquí tía, siéntese en la cama no en la mecedora, la quiero bien cerquita de mí.
Nuris cogió mi mano mientras me miraba fijamente a los ojos. Su rostro era la personificación del amor y la paciencia en estado puro. No hay otro ser en éste planeta que consiga tranquilizarme como lo hace ella.
Estos dos últimos días han sido muy ajetreados y necesitaba una dosis de paz extra.

“-¿Quieres saber cuál es el mejor pleito Milán?
– ¿Cuál?
– El mejor pleito es el que no se echa. No siempre tenemos que discutir, no siempre tenemos que dar explicaciones del por qué hacemos ciertas cosas. Si otra persona falló contigo, él o ella sabe exactamente lo que hizo y por qué. Sólo el necio se sorprende del acto del prójimo, porque uno cosecha lo que siembra.

Sé que vienes a pedirme consejo sobre qué hacer; que tienes una guerra interna entre corazón y mente. Pero déjame decirte algo: tu cabeza ya ha tomado el control de la situación, y en esta vuelta no va a dejar al corazón ganar. Lo veo en tu mirada. ¿Sabes por qué esta vez la mente ganará? Porque tiene dos aliados. Ambos son más fuerte que la mente y el corazón. El primero se llama “orgullo”. Ese orgullo, esa seguridad con la que naciste ya ha pasado por muchos altibajos por culpa del comportamiento de otros, y no está dispuesto a pasar nunca más por una situación similar.
¡Oh! ¿Pero y el segundo? ¡Ese es el matatán de los matatanes! El tiempo. El tiempo convierte así como me dijiste horita ‘mentiras en verdades y verdades en mentiras’. Todas esas cosas te las pone Dios o ese Universo en el que crees delante de tus ojos por si acaso en algún momento dudas.
Es cierto que tendrás momentos tristes, todos tenemos momentos así. Pero si Dios te dio la fuerza para tomar todas las decisiones que has tomado es por algo. El creador no te quiere ahí, en ese entorno. Tiene planes mucho mejores para ti, dalo por hecho.

– Me siento tan segura últimamente, tan en paz conmigo misma que a veces siento miedo de que sea la tranquilidad previa a una tormenta catastrófica.
– No querida, la tormenta catastrófica ya la pasaste. Esa es La Paz que te regala la vida por todo lo malo que viviste. Disfrútala. Porque te aseguro que vienen cosas mejores.

– ¿Es normal que no esté enfadada? ¿Qué solo de las gracias al Universo todos los días por todo lo que aprendí?
– Eso es porque ya perdonaste. A eso se le llama madurez. Y sí, es normal cuando alcanzas ese nivel. Buda dijo una vez “quien te enfada te domina” y señorita yo no te siento dominada por nadie en este instante.
– Se rió a carcajadas.
– Esa frase siempre se la digo a mami… ¿Y qué camino es el que tengo que seguir ahora? Porque sinceramente no sé para donde tirar.
– Aunque no lo creas, ya estás caminando. ¿No me estabas hablando hace un rato de todos tus planes? ¿De tus futuros estudios, de tus viajes o de tu próxima mudanza?
– Sí.
– Entonces ya estás armando el camino. Ahora solo deja que Dios lo guíe como lo ha hecho siempre. Yo no te veo tan perdida como dices, veo que tienes muy claro lo que quieres. Lo que pasa es que tienes que acostumbrarte a que cambiaste de entorno y de personas. Solo es eso. ¿Milán te has dado cuenta de que siempre que llegas a algún lugar la gente se detiene a mirarte?

– Eso siempre me ha hecho sentir incómoda… Debe de ser porque soy linda tía, más nada.
– ¿Más nada? La belleza llama la atención, pero una vez hablas… Dejas hipnotizado a cualquiera. ¡Lo acabas de ver ahí fuera! Esa gente está encantada contigo y acaban de conocerte. Milán Suero Redondo: Tienes luz divina.

– Eso me dice mi amiga Maria Elena.
– Una muchacha muy sabia
.
– No se tía, hay veces que no la veo.
– ¡Pero muchacha! Acabas de leerme un pedacito del libro que estás escribiendo y ya quiero saber cómo acaba. ¿En serio no lo ves? – no pude evitar sentirme intimidada- Mira, algo bueno te espera, ten fe. Nunca jamás pierdas la fe.
Amén tía.- dije entre un suspiro.
– Recuerda: Nunca, jamás de los jamases, puedes volver a confiar en manos que ya te han soltado antes.

Oremos.
Tomó mis dos manos e hicimos la oración más sincera que jamás he hecho. Las energías fluyeron y en el momento en el que mencionó mi libertad, la sentí llegar. La sentí sentarse a mi lado para nunca más separarse de mí. Sentí que todo lo bueno me acompañaba.

Gracias por leerme.

-Milán

Like my nails
El café
La mano de la sabiduría
Gotas de agua

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