Crónicas, Fotografías, Viajes

Bahía de las Águilas: Las estrellas fugaces

-Saldremos mañana a las 5 de la mañana Milandina.

-Ok, Maria Elena mañana te espero.

6 horas más tarde. A las 4 de la mañana:

-¡Milán se me jodió la batería del carro!

-¡Jo! ¡Qué mal! Pues nada… Ya iremos en otro momento.

-¡No! Dame un par de horas. Hablamos.

Y así salimos a las 10 de la mañana de un jueves (creo) rumbo al sur profundo después de que Maria Elena gastara sus chelitos en la jodida batería del coche. Seis horas y media después de un viaje lleno de música de Bad Bunny y Taylor Swift acompañado de paisajes que solo mi isla hermosa puede ofrecer, llegamos a Bahía de las Águilas.

No sabía lo que nos esperaba… Pensaba que nos quedaríamos en un hotel o un hostal y no.

Nos esperaban más de 30 tiendas de campaña a primera línea de mi indomable mar caribe. Dentro habían unas comodísimas camas y unos alargadores de corriente custodiados por el grandísimo e impredecible perro guardián de aspecto ténebre pero de corazón afable. ¿Cómo le pusimos al perro que no hacía más que darnos sustos? ¿Media noche? No me acuerdo. Ojalá siga vivo e igual de feliz.

Nunca había acampado. Y mi primera vez no podía ser más PERFECTA. Cogimos la primera tienda de campaña que estaba encima de una especie de roca rodeada de conchas blancas y arena del paraíso. “Que miedo me da el mar”, pensé, “pero como me gustaría ser como él”.

Un amable (demasiado amable para mi gusto) trabajador del Rancho Típico de Bahía de las Águilas nos subió al acantilado para ver el atardecer. Puedo jurar que a día de hoy no he visto atardecer más bonito.

Nos pusimos a recoger conchas blancas en busca de la perfecta para Rafi.

Cenamos lambí, moro de guandules, plátanos fritos y pescado. El restaurante era solo nuestro hasta que se sentó un chico en la mesa de al lado.

-Maria Elena, ése chico es catalán por cómo le ha pedido la cena al camarero.

-No, seguro es gringo.

-¡Hola! Me llamo Milán, ¿de dónde eres chico?

-De Madrid pero vivo en Barcelona.

-¡Ves Maria Elena! Te lo dije.

Y así nos hicimos “amigos” del médico con el que al día siguiente nos fuimos en lancha hasta Bahía de las Águilas (la auténtica playa). Nos cayó muy bien. Se había ido solo a viajar por todo República Dominicana. ¡Qué valiente! Un alma libre.

Quedamos al día siguiente temprano para irnos a la playa. Luego nos pusimos en las sillas que estaban estratégicamente puestas para ver las estrellas más alucinantes de la historia de la humanidad. Jamás había visto tantas estrellas juntas. No sabía ni que habían tantas.

Mientras miraba el teléfono y me preparaba un trago, Maria Elena me dijo:

– ¡Mira una estrella fugaz!

-¡No te creo! Te lo has inventado… – Y volví a mirar el teléfono.

-¡Mira otra!

Solté el teléfono y dije en voz alta: “Universo por favor déjame ver una estrella fugaz, juro no volver a tocar el teléfono en toda la noche”.

Y el universo nos regaló más de 14 estrellas fugaces. (Al número 14 dejé de contarlas). Maria Elena dijo que buscaría en Internet si ése fenómeno es típico de esa zona o de ésa época del año (creo que nunca lo buscó). A mi me gusta pensar que el cielo nos hizo un regalo.

Cuando vi las primeras cuatro estrellas fugaces pedí mis deseos más profundos. A la quinta dejé de pedir deseos y sólo podía dar las gracias.

A lo que Maria Elena añadió:

“Siempre me has dicho que desde niña todo lo que le pides al cielo de corazón se te ha cumplido. Hoy me lo acabas de demostrar muchachita. El Universo te escucha. Y no te ha dado una estrella fugaz, te ha dado muchas. Eres un ser afortunado.”

Sólo Maria Elena, Dios y el Universo pueden afirmar que jamás en mi vida había sentido tanta felicidad junta. Aún al recordarlo mi alma no puede dejar de sonreír.

 

Milán.

 

2 comentarios sobre “Bahía de las Águilas: Las estrellas fugaces

  1. No se si me crees si te digo que llore… me hiciste remontarme a aquellos dos días que jamas olvidare.
    Realmente, tengo que aclarar, que el hecho de que la batería del carro se me jodiera, nunca fue preocupación para mi para hacerte llegar a ese lugar, me propuse llevarte así sea en bicicleta #palabra. Y aun con la historia secreta que solo tu y yo sabemos (Dios me perdone! Jajajaj), no me arrepiento de nada, fue muy gratificante estar allí y me alegra que sea contigo.
    Abrazos!

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